Dislexia

Dislexia

¿Qué es la dislexia?

La dislexia es un trastorno del aprendizaje de la lectoescritura. La dislexia la encontramos en personas que no presentan ningún problema ni físico, ni psíquico ni sociocultural.

Algunos de las dificultades que pueden tener las personas dislexicas son:

  • dificultades para recitar el alfabeto
  • dificultades para denominar letras
  • dificultades para realizar rimas simples y para analizar o clasificar los sonidos
  • Omisiones, sustituciones, distorsiones, inversiones o adicciones de palabras o frases
  • Lentitud en la lectura
  • dificultades en la comprensión de textos escritos

 

¿Cómo diagnosticar la dislexia?

El problema de la dislexia es que no se puede diagnosticar a temprana edad, ya que debemos observar una discrepancia del nivel de lectura de dos años como mínimo, y no es hasta los 8 ó 9 años, cuando esto se puede contrastar.

A pesar de ello, el diagnóstico no es tan importante como la prevención, por lo que desde edades muy tempranas se pueden detectar ciertas peculiaridades que, aunque no nos den la certeza para establecer el diagnóstico, nos pueden guiar para llevar un seguimiento y/o intervención preventiva que paliará significativamente los efectos de una posible dislexia futura o que simplemente beneficiará el desarrollo y aprendizaje de los sujetos.

 

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¿Por qué supone un problema la dislexia?

El principal problema que tiene la dislexia es que no es compatible con nuestro sistema educativo, pues, dentro de este, todos los aprendizajes se realizan a través del código escrito, por lo cuál el niño disléxico no puede asimilar ciertos contenidos de materias porque no es capaz de llegar a su significado a través de la lectura.

El niño/a disléxico debe poner tanto esfuerzo en las tareas de lectoescritura que tiende a fatigarse, a perder la concentración, a distraerse y a rechazar este tipo de tareas. Los padres y profesores procesamos esta conducta como desinterés y presionamos para conseguir mayor esfuerzo, sin comprender que estos niños, realizando estas tareas, se sienten como si de repente, cualquiera de nosotros, nos viéramos inmersos en una clase de escritura china.

 

¿Cómo tratar la dislexia?

Dislexia en niños:

El tratamiento de la dislexia debe ser completamente personalizado y adaptado a la edad y síntomas del paciente; cada niño sufrirá diferentes carencias y requerirá que se haga especial hincapié en distintos aspectos. La manera de superar la dislexia consiste básicamente en aprender a leer y escribir de nuevo, adaptando el ritmo de aprendizaje a las capacidades del niño.

Este es un trabajo muy duro para un niño de cualquier edad, y es muy fácil que pierdan el interés rápidamente o que se den por vencidos. Por ello, es primordial en todos los casos crear interés, motivar, y llevar a cabo la terapia con actividades que no resulten tediosas.

Los pedagogos y profesionales tienden a enfocar el tratamiento de una forma u otra en función de la edad:

  • Niños en educación infantil: normalmente aún no están aprendiendo a escribir, de modo que se insiste en prevenir dificultades futuras con ejercicios que activen la conciencia fonológica (rimas, dividir palabras en sílabas, etcétera).
  • Niños de seis a nueve años: a la tarea de aumentar la conciencia fonológica va a sumarse el trabajo lector. Se insistirá en un incremento de la lectura y lectura en voz alta, siempre tratando de proporcionar textos atractivos que despierten el interés del niño.
  • Niños mayores de 10 años: a esta edad es difícil corregir carencias en la conciencia fonológica. Lo mismo ocurrirá con la lecto-escritura, de modo que la terapia se centrará en tratar de encontrar técnicas y trucos que faciliten la comprensión de textos.

 

Dislexia en adultos

La mayoría de los casos de dislexia se detectan en edad escolar y son tratados de forma adecuada. Pero existe un porcentaje de personas que sufren dislexia y no lo saben, lo que supone una enorme fuente de frustración e inseguridad para ellas, ya que se ven constantemente sometidos a presiones, estrés, esfuerzo extra, etcétera. A esto se suma la falta de apoyo a la que se enfrentan en ocasiones los pacientes que han sido diagnosticados y que están recibiendo tratamiento, a los que se debe hacer saber que no están menos capacitados que los demás, y que tienen a su disposición los recursos que necesiten para superar sus dificultades.

Por otro lado, es importante recordar que se trata de un trastorno crónico, y que aunque una persona haya tenido la oportunidad de recibir tratamiento durante la infancia, esto no significa que al llegar a la edad adulta no deba seguir aprendiendo y esforzándose.

 

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